Si Te Gustó Faluya, Amarás ‘Palestina’
5 Enero 2005


Pensamos hoy en Faluya como un lugar donde se gestan batallas valerosas entre fuerzas norteamericanas y distintos combatientes enemigos. Sin embargo, el último día del mes de marzo del 2004, Faluya se dió a conocer por el comportamiento poco heroico manifestado por los árabes-islámicos. Faluya se convierte entonces en el sitio donde insurgentes islámicos dramatizan libremente su práctica, por largo tiempo mantenida, de profanar muertos.

Ese día de marzo, la imborrable imagen de los cuerpos carbonizados de norteamericanos colgando de un puente iraquí en Faluya, retornó a mi mente otra muy semejante atrocidad sucedida algunos años en la ciudad palestina de Ramalá. Allí, la barbarie de una turba torturó inexplicablemente, vació los ojos y sacó las vísceras a un par de indefensos israelíes extraviados en la carretera. Allí, tal como ocurrió el 31 de Marzo de 2004, árabes “comunes y corrientes”, muchos de ellos innegablemente extasiados de una sed insaciable de sangre – trasgredieron todo límite de civilización y comportamiento humano.

En Ramalá, decenas de miles de palestinos, incluyendo jóvenes, mujeres y niños, literalmente danzaron de júbilo al lado de los cadáveres mutilados y despellejados de los israelíes Vadim Norjitz y Yossi Avrahami. A la siguiente mañana, prácticamente cada mezquita del mundo árabe escuchó con notorio deleite como su inspirado clero islamista colmaba de un montón de fervientes alabanzas a los asesinos.

Las atrocidades cometidas por los iraquíes en contra de los civiles estadounidenses el pasado 31 de marzo tienen su origen de la misma mentalidad palestina contra Israel. Más aún, los atacantes suicidas de Iraq han aprendido muchísimo de sus parientes cercanos los palestinos. Presenciar los crímenes contra la humanidad perpetrados por los palestinos ha conducido tanto a Israel como Estados Unidos a correr aceptar la creación de un nuevo estado palestino, pudiendo ahora Iraq racionalmente concluir que mutilar norteamericanos es mucho más que una simple y conveniente manera de aliviar las tensiones, sino una vía útil de acabar la “ocupación” estadounidense y reinsertar un régimen genocida.

Al igual que los acontecimientos en Faluya reprodujeron en esencia los sucesos de Ramalá, un estado “Palestino” aceleradamente restablecería y exportaría las condiciones caóticas iraquíes del presente. Apartando las numerosas razones de valor por las que un estado palestino es injustificable según las normas del derecho internacional, la hoy creación de un país adicional árabe-islámico, incrementaría sin duda los riesgos existenciales de Israel y claramente proporcionaría base segura al terrorismo de la región.

Adicionalmente, como estado totalmente soberano sin el estorbo de fuerzas militares foráneas interviniendo, resulta fácil prever los próximos preparativos y nuevos estallidos de guerra y terror gestándose sin restricción o inhibición alguna. Con el pasar del tiempo, “Palestina” con certeza llegará a ser el punto de inicio de ataques directos mediante el uso de armas de destrucción masiva (ADM) al vecino Israel y de forma indirecta, a algunas partes importantes de Estados Unidos y Europa.

Sabemos por la historia de nuestro tan sangriento planeta que existen crímenes de pasión como crimines de lógica, y que no siempre éstos se excluyen mutuamente. Si pronto se escarbara un estado palestino de las profundidades del cuerpo aun con vida de Israel, los criminales terroristas islámicos descubrirían de inmediato que una atrocidad puede igualmente conducirlos a una importante victoria política. Combinando De Sade con Clausewitz, sin duda alguna la Organización por la Liberación de Palestina (OLP), Hamas y organizaciones palestinas afines seguramente comenzarán a modelar un nuevo país impulsado por los mismos sentimientos salvajes demostrados en Faluya y Ramalá.

No sorprende por lo tanto que expresiones tales como “muerte a Israel” y “muerte a los Estados Unidos” sean siempre coreadas en alta voz por los árabes. Odio como el mostrado en Faluya y Ramalá siempre se puede encontrar en las masas enardecientes. Simplemente, no se puede estar solo sin compartir un odio tan irrefrenable y apasionado. Con respecto a Israel y a los Estados Unidos, formado ya el nuevo estado palestino, éste en instantes se convertiría en macrocosmos de una turba de linchamiento asesina, expresión máxima del odio colectivo.

Con su motivación de “liberarse” de la “Entidad Sionista” por medio del sufrimiento a pueblos y ciudades de los Estados Unidos de Norteamérica, el liderazgo palestino no se transará por algo menor al llamado hecho por el Movimiento de Resistencia Islámico a accionar contra los “incrédulos”. Como diría precisamente el Hamas: “Juro por todo esto (sic.) quien sostiene en Sus Manos el Alma de Mahoma: ¡De cierto es mi deseo ir a la guerra a luchar por amor de Alá! Prometo atacar y matar, atacar y matar, atacar y matar”.

Al menos en parte, debemos entender los bacanales frenéticos de Faluya y Ramalá como forma de sacrificio religioso. Ambos incidentes exponen elementos incuestionables de los clásicos ritos sacrificiales. El objetivo principal de un sacrificio consiste siempre en restaurar la armonía de la comunidad primitiva y fortalecer la estructura social en proceso de desintegración y desmoronamiento.

Los asesinos endemoniados de Faluya y Ramalá han encontrado sustitutos vulnerables para expresar su ilimitado odio personal y colectivo. Un estado palestino buscará y encontrará similares sustitutos dentro de Israel y los Estados Unidos. De hecho, el recién formado estado árabe identificará de inmediato a Israel como objeto perfecto de sacrificio.

En todas partes del mundo islámico árabe, la concentración de judíos en Israel después del Holocausto se toma como prueba inequívoca del plan de Alá para gestar otro genocidio judío. Irónicamente, para el mundo, al estado creado con el propósito de prevenir un segundo Holocausto solo ha permitido mostrar la practica sin distinción de un mayor aniquilamiento judío. En el aspecto religioso, la paz con Israel es descrita por la Autoridad Nacional Palestina y Hamas como “nada menos que veneno amenazante en el torrente sanguíneo del Islam”. Un flamante estado Palestino determinado a tornar su enemigo colectivo, es decir a “judíos y cruzados”, en sacrificio solo quiere ver a Israel convertido en Ramalá y Faluya, y permitir que su protegido y resguardado territorio sea instrumento que propicie el terrorismo contra el “Gran Satán” norteamericano.

He aquí lo que el Dr. Ahmad Abu Halabiya, miembro de la Autoridad de Palestina, afirmó en la televisión oficial palestina: “No tengan misericordia de los Judíos, no importa el país donde ellos estén. Combátanlos, dondequiera que ustedes vivan. Donde los vean, asesínenles... tortúrenles con sus manos... Dondequiera que ustedes vivan, maten a los Judíos y a todos los Norteamericanos – como ellos."

¡Si te gustó Faluya, amarás Palestina!




Louis Rene Beres (Ph.D., Princeton, 1971), es profesor del Departamento de Ciencias Políticas de Purdue University. Experto conferencista y escritor en asuntos estratégicos Israelíes, su trabajo es ampliamente reconocido por el sector académico y militar. Louis Rene Beres se desempeña también como asesor académico del Centro Freeman de Estudios Estratégicos, organización de carácter investigativo y de acción política que opera en la ciudad de Houston.


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