por Rabino Eliezer Waldman, Rosh Yeshivat Kiryat Arba, 21 Shvat 5765 – Enero 31, 2005
Gracias a Di-s que mes a mes nos bendice con el poder de la fe y elevación espiritual, mostrada en los cientos de miles de personas reunidas aquí en su patria para expresar dedicación y lealtad al proceso divino de redención del pueblo judío. Rodeado por tal multitud de hermanos, he podido comprobar la noche del domingo el significado de este fenómeno al recorrer las calles y avenidas cercanas a los edificios e instalaciones gubernamentales del Kneset. Mientras era sumergido en este océano de amor y disposición firme de proseguir con el proceso restaurativo de toda la existencia judía en Eretz Yisrael, una sensación espiritual me embargó, la cual asumo fue la misma que envolvió al pueblo de Israel al dividirse las aguas del Mar Rojo, un milagro divino que finalmente imprimió la libertad de nuestro pueblo de manos de los malvados egipcios y encendió la fe a una altísima dimensión espiritual signada en cánticos y acción de gracias en la Shirat Hayam.(Cántico del Mar)
Los miles de manifestantes en Jerusalén lograron trasmitir un mensaje sólido y claro: es inmoral e inaceptable que un judío saque a otro judío fuera de su patria. Los judíos nunca aceptaremos ser desconectados de nuestro hogar Eretz Yisrael. Tal acción siempre fue considerada inhumana e inmoral cuando se perpetró directamente contra los judíos en el exilio y ciertamente, es inaceptable en nuestra propia casa. Que absurda resulta la necesidad de desalojar al judío de su propia casa usando como excusa el tener paz con los vecinos. Esa “paz” es la de ser expulsado de pueblo en pueblo y de nación en nación. Es la “paz” manifestada en los guetos. Es la “paz” soportada en el exilio. No hemos regresado a nuestra casa, Eretz Yisrael, para por la fuerza ser obligados a salir de ciudad en ciudad. Transitamos el clásico caminar sionista llevando vida a nuestra tierra y gente, y por consiguiente, bendición a nuestros vecinos. La intención de nuestros enemigos es evitar que esto suceda, el fin ulterior es el desmantelamiento y evacuación mediante la destrucción y el terror de la soberanía e independencia real de Eretz y el pueblo judío. Por ello, la primera prioridad del gobierno debe ser enfrentar el inminente peligro, fortaleciendo y consolidando nuestra presencia en Israel. Huir del enemigo desmantelando nuestras exitosas y prósperas comunidades debilitará por tanto nuestra posición y en efecto, representa una ruptura criminal de nuestra responsabilidad.
Aun en mi memoria persisten los extraños sentimientos a los me enfrenté hace una semana al escuchar las declaraciones dadas por los líderes de las potencias mundiales a raíz de los sesenta años de la liberación del notorio campo de exterminio de Auschwitz. Por un lado, se evidenciaba la sensación de encierro en que líderes de todo el mundo se veían obligados a admitir finalmente su responsabilidad y culpabilidad en las atrocidades cometidas contra del pueblo judío. Mucho más, al tener que admitirlo delante de los representantes Israelíes. Sentí, por otra parte, una profunda frustración al comprobar la no presencia de un genuino arrepentimiento de las grandes potencias. A solo seis décadas de haber ocurrido los infames hechos, continúan retorciendo el brazo del liderazgo judío para forzarlos aceptar “mapas de camino” que limitan los derechos de nuestra patria. Continuamente, la gran mayoría de las naciones dan su apoyo a los jefes palestinos del terror árabe prometiéndoles como premio mayor del poder político, un estado árabe independiente dentro de la patria soberana de Israelí. Las naciones ven a Israel como un estado paria (*), y nos recriminan a no utilizar “exagerada” fuerza al defendernos de los suicidas terroristas asesinos. La increíble carencia de sensibilidad demostrada en pasadas atrocidades por estos mandatarios y líderes internacionales, les da licencia a exigir el desmantelamiento de ciudades y pueblos enteros de Eretz Yisrael solo por el simple hecho de ser sus habitantes judíos.
A Di-s gracias que siempre en los actos conmemorativos, los líderes Israelíes se inspiran a decir “nunca otra vez”, expresando al mismo tiempo la pregunta dolorosa “¿habremos realmente aprendido?” Es por ello que con suma angustia, pero con mucha responsabilidad debo inquirir a nuestros gobernantes: “¿habremos realmente aprendido?” ¿Cómo pretenden desmantelar y desenraizar comunidades enteras de judíos en Eretz Yisrael? ¿Pueden acaso destruirse los hogares de tres generaciones de judíos que allí crecieron? ¿Pueden los bastiones de oración y estudio de la Torah que constituyen las sinagogas y yeshivas, ser abandonadas y entregadas al enemigo? Di-s no lo permita.
Amigos míos, esto no puede pasar. Los judíos nos hallamos inmersos en un proceso divino de redención. Estamos viviendo un proceso de unión, unión con nuestra tierra y raíces, nuestra gente y nuestro Di-s, a fin de incorporarnos a nuestro propio destino. Roguemos porque el Di-s de Israel reavive el instinto natural de supervivencia y fe judías que permitan a nuestro pueblo obtener claridad de mente sobre nuestra realidad de vida y ayuden a superar las fallas, falacias y errores cometidos por nuestros propios jefes y gobernantes.
Miles y miles de corazones judíos derrochando fe, devoción y amor entrañable por nuestro suelo, gente y patria manifestaron en la ciudad de Jerusalén llevando un mensaje de firme determinación y renovada esperanza, el cual culminó con el estallido de nuestro himno nacional Hatikva seguido de la canción de la verdad eterna que es Am Israel Jái.
Am Israel Jái!
(*) NOTA DEL TRADUCTOR: el término Pariah o rogue state se emplea para aquellos Estados que violan masivamente los derechos humanos, lanzan una invasión, ponen en peligro la seguridad internacional exportando el terrorismo o permiten la proliferación de mísiles y materiales estratégicos para la producción de armas de destrucción masiva. Normalmente, un Estado paria es objeto de sanciones para obligarlo a retornar a la situación de los demás Estados que respetan principios consagrados o por lo menos desalientan la imitación de las prácticas perversas antes mencionadas.
Para obtener información sobre la próxima visita del Rabino Waldman a los Estados Unidos (27 Febrero al 15 Marzo 2005), sírvase contactar a Jeff Reznik al teléfono 917-776-6828 o escribir a la dirección de correo electrónico: YeshivatKiryat4@aol.com (Jeff Reznik)
21 Shvat 5765 – Enero 31, 2005
Gracias a Di-s que mes a mes nos bendice con el poder de la fe y elevación espiritual, mostrada en los cientos de miles de personas reunidas aquí en su patria para expresar dedicación y lealtad al proceso divino de redención del pueblo judío. Rodeado por tal multitud de hermanos, he podido comprobar la noche del domingo el significado de este fenómeno al recorrer las calles y avenidas cercanas a los edificios e instalaciones gubernamentales del Kneset. Mientras era sumergido en este océano de amor y disposición firme de proseguir con el proceso restaurativo de toda la existencia judía en Eretz Yisrael, una sensación espiritual me embargó, la cual asumo fue la misma que envolvió al pueblo de Israel al dividirse las aguas del Mar Rojo, un milagro divino que finalmente imprimió la libertad de nuestro pueblo de manos de los malvados egipcios y encendió la fe a una altísima dimensión espiritual signada en cánticos y acción de gracias en la Shirat Hayam.(Cántico del Mar)
Los miles de manifestantes en Jerusalén lograron trasmitir un mensaje sólido y claro: es inmoral e inaceptable que un judío saque a otro judío fuera de su patria. Los judíos nunca aceptaremos ser desconectados de nuestro hogar Eretz Yisrael. Tal acción siempre fue considerada inhumana e inmoral cuando se perpetró directamente contra los judíos en el exilio y ciertamente, es inaceptable en nuestra propia casa. Que absurda resulta la necesidad de desalojar al judío de su propia casa usando como excusa el tener paz con los vecinos. Esa “paz” es la de ser expulsado de pueblo en pueblo y de nación en nación. Es la “paz” manifestada en los guetos. Es la “paz” soportada en el exilio. No hemos regresado a nuestra casa, Eretz Yisrael, para por la fuerza ser obligados a salir de ciudad en ciudad. Transitamos el clásico caminar sionista llevando vida a nuestra tierra y gente, y por consiguiente, bendición a nuestros vecinos. La intención de nuestros enemigos es evitar que esto suceda, el fin ulterior es el desmantelamiento y evacuación mediante la destrucción y el terror de la soberanía e independencia real de Eretz y el pueblo judío. Por ello, la primera prioridad del gobierno debe ser enfrentar el inminente peligro, fortaleciendo y consolidando nuestra presencia en Israel. Huir del enemigo desmantelando nuestras exitosas y prósperas comunidades debilitará por tanto nuestra posición y en efecto, representa una ruptura criminal de nuestra responsabilidad.
Aun en mi memoria persisten los extraños sentimientos a los me enfrenté hace una semana al escuchar las declaraciones dadas por los líderes de las potencias mundiales a raíz de los sesenta años de la liberación del notorio campo de exterminio de Auschwitz. Por un lado, se evidenciaba la sensación de encierro en que líderes de todo el mundo se veían obligados a admitir finalmente su responsabilidad y culpabilidad en las atrocidades cometidas contra del pueblo judío. Mucho más, al tener que admitirlo delante de los representantes Israelíes. Sentí, por otra parte, una profunda frustración al comprobar la no presencia de un genuino arrepentimiento de las grandes potencias. A solo seis décadas de haber ocurrido los infames hechos, continúan retorciendo el brazo del liderazgo judío para forzarlos aceptar “mapas de camino” que limitan los derechos de nuestra patria. Continuamente, la gran mayoría de las naciones dan su apoyo a los jefes palestinos del terror árabe prometiéndoles como premio mayor del poder político, un estado árabe independiente dentro de la patria soberana de Israelí. Las naciones ven a Israel como un estado paria (*), y nos recriminan a no utilizar “exagerada” fuerza al defendernos de los suicidas terroristas asesinos. La increíble carencia de sensibilidad demostrada en pasadas atrocidades por estos mandatarios y líderes internacionales, les da licencia a exigir el desmantelamiento de ciudades y pueblos enteros de Eretz Yisrael solo por el simple hecho de ser sus habitantes judíos.
A Di-s gracias que siempre en los actos conmemorativos, los líderes Israelíes se inspiran a decir “nunca otra vez”, expresando al mismo tiempo la pregunta dolorosa “¿habremos realmente aprendido?” Es por ello que con suma angustia, pero con mucha responsabilidad debo inquirir a nuestros gobernantes: “¿habremos realmente aprendido?” ¿Cómo pretenden desmantelar y desenraizar comunidades enteras de judíos en Eretz Yisrael? ¿Pueden acaso destruirse los hogares de tres generaciones de judíos que allí crecieron? ¿Pueden los bastiones de oración y estudio de la Torah que constituyen las sinagogas y yeshivas, ser abandonadas y entregadas al enemigo? Di-s no lo permita.
Amigos míos, esto no puede pasar. Los judíos nos hallamos inmersos en un proceso divino de redención. Estamos viviendo un proceso de unión, unión con nuestra tierra y raíces, nuestra gente y nuestro Di-s, a fin de incorporarnos a nuestro propio destino. Roguemos porque el Di-s de Israel reavive el instinto natural de supervivencia y fe judías que permitan a nuestro pueblo obtener claridad de mente sobre nuestra realidad de vida y ayuden a superar las fallas, falacias y errores cometidos por nuestros propios jefes y gobernantes.
Miles y miles de corazones judíos derrochando fe, devoción y amor entrañable por nuestro suelo, gente y patria manifestaron en la ciudad de Jerusalén llevando un mensaje de firme determinación y renovada esperanza, el cual culminó con el estallido de nuestro himno nacional Hatikva seguido de la canción de la verdad eterna que es Am Israel Jái.
Para obtener información sobre la próxima visita del Rabino Waldman a los Estados Unidos (27 Febrero al 15 Marzo 2005), sírvase contactar a Jeff Reznik al teléfono 917-776-6828 o escribir a la dirección de correo electrónico: YeshivatKiryat4@aol.com (Jeff Reznik)