El citado verso expresa transparentemente lo que Israel debe hacer para ser perdonado y constituirse en vaso escogido llamado por Dios. Israel debe abandonar la idolatría y remover sus ídolos.
Resulta muy sencillo para nosotros, cuerpo del Mesías, decirle a Israel lo que debe hacer. Pero, siendo la iglesia al igual que Israel vaso escogido de Dios, ¿no debería acaso autoaplicarse igualmente el mismo concepto? ¿Existe iniquidad o pecado del cual deba la iglesia arrepentirse? ¿Hemos sabido guardar con rectitud los caminos enseñados por el Señor los últimos dos mil años? O mejor aún, si Pedro, Pablo o alguno de los conocidos apóstoles asistiera algún servicio dado por nuestras iglesias, ¿se encontraría cómodo en esa casa, o se sentiría por el contrario extranjero dentro de ella? En el libro de Apocalipsis 19:7 Juan señala una gran muchedumbre o multitud manifestando: "Y Su esposa se ha preparado". Es importante resaltar que el verso no expresa que el Señor prepare la esposa o que Dios prepare la esposa para su hijo. Expresa claramente que la esposa se ha preparado, luego ¿qué debe hacer entonces la esposa para prepararse?
Jesús estableció la iglesia en Su ministerio terrenal. El libro de los Hechos de los Apóstoles abarca la historia de la primera iglesia después de la ascensión del Señor Jesús al cielo. Hay mucha otra información en los demás escritos de los apóstoles. Por consiguiente, echemos un vistazo a las actividades comunes realizadas por la primera iglesia.
- La Iglesia guardaba y respetaba el Día de Descanso o Shabat (Hechos 13:14; 15:21; 16:13)
- La Iglesia adoraba en el Templo (Hechos 2:46; 3:1)
- La Iglesia celebraba las Festividades del Señor (Hechos 20:6, 16)
- · La Iglesia cumplía y honraba la Torah (Romanos 7:12; 7:22; 1 Corintios 9:8)
Ahora, ¿son estas las actividades de la iglesia del presente? ¿Qué debemos hacer para arrepentirnos y ser el instrumento de Dios al que fuimos llamados?
A consecuencia del pecado de Salomón (1 Reyes 11:9-10), Dios designa a Jeroboam soberano de diez tribus de Israel (1 Reyes 11:29-38). Jeroboam consideró que de ir a adorar al Templo en Jerusalén, los habitantes del Reino del Norte podrían retornar y obedecer a su antiguo rey Roboam en Judá (1 Reyes 12:27) y perdería su propio reino. Jeroboam no tenía la fe necesaria pensando que Dios no guardaría la promesa establecida, por consiguiente, el rey Jeroboam ideó un método para evitar que el pueblo se dirigiera a Jerusalén a adorar al Señor. El pecado de Jeroboam aparece registrado en el libro 1 Reyes 12:25-33. Inicialmente, Jeroboam concibe la creación de dos becerros de oro haciéndoles identificar como los dioses que hicieron salir a Israel de Egipto. Posteriormente, Jeroboam ordena la edificación de altares de sacrificio en los lugares altos y selecciona y nombra sacerdotes de entre el pueblo de Israel. Recordemos que Dios había asignado a los Levitas para servir exclusivamente de ministros delante de El (Números 18:1-7) Por último, Jeroboam instituye nuevas fiestas las cuales nunca fueron ordenadas por Dios a Moisés (Levítico 23).
Al igual que Jeroboam y los reyes que siguieron después de éste, la Iglesia ha cometido los mismos pecados de Jeroboam rey. De hecho, la Iglesia ha continuado casi idénticamente los mismos pasos.
Con los becerros de oro, Jeroboam formó un falso dios. Similarmente, con “la santísima trinidad” la iglesia creó una divinidad falsa al afirmar la “co-igualdad de Dios en tres personas”. Dios habló a Moisés en la zarza ardiente se identificó como "Yo Seré El Que Seré". Con este nombre, Dios enfatiza que El no podrá jamás ser definido. Dios es el creador de los cielos, la tierra y todas las cosas. Dios no tiene principio y Dios no tiene final. Luego, Dios juzgará a cada hombre y el hombre rendirá cuenta conforme a sus actos en la vida. Dios someterá de nuevo el universo entero bajo su total dominio. En realidad, no suena ni se parece a un Dios que pueda ser definido. Pero, la iglesia ha querido definir a Dios gestando la “santísima trinidad” a pesar que en ninguna parte de la Escritura se revela al Padre, a Jesús y al Espíritu Santo como “co-iguales”. Dios posee una naturaleza trina, en efecto, así como nosotros somos cuerpo, alma y espíritu. Con todo, no podemos definir a Dios como intenta hacernos ver la doctrina de “la santísima trinidad”. La “santísima trinidad” propuesta por la iglesia es inobjetablemente un dios falso.
Observemos la arquitectura de la iglesia del presente. Allí podemos encontrar un sitio o mobiliario (generalmente ubicado físicamente delante del podium) denominado “altar”. A este altar se le considera paralelo al altar de sacrificios del antiguo tabernáculo o Templo de Jerusalén. Otros, lo consideran incluso el “lugar santo” de este mismo Templo. Los paganos situaban sus altares en los lugares altos, pero Dios expresamente indica que Su altar estará en un solo sitio. Dios había ordenado a Israel que los sacrificios se realizaran exclusivamente en el lugar escogido para establecimiento de Su nombre (Deuteronomio 12:11). Ese lugar corresponde al Monte del Templo en Jerusalén. (1 Reyes 9:3; 2 Crónicas 3:1). No es casualidad que veamos hoy la intensa lucha por controlar ese especialísimo sitio. No sería así, si el lugar no fuera santo para Dios. En este sentido, Dios ha expresado en relación al Monte del Templo, “este es el lugar de Mi trono, el lugar de las plantas de Mis pies, donde habitaré entre los hijos de Israel para siempre” (Ezequiel 43:7).
Al integrarse los gentiles de manera predominante a la iglesia, comienzan a vislumbrarse cambios y se abren las puertas para la celebración de festivales paganos. Sustituyendo las festividades designadas por el Señor (Levítico 23), la iglesia “reclama” la inclusión de diferentes y extrañas festividades, un ejemplo es la Navidad y las fechas en honor a Semana Santa (Easter en la comunidad anglosajona) No se necesita hacer un estudio concienzudo para descubrir el origen extraño de estos festivales, la mayoría de las enciclopedias lo documentan. Mientras la iglesia ha traído a su seno “fiestas cristianas” desde el paganismo, el Señor nos confirma que Sus únicas fiestas, las que debemos siempre celebrar, son el Shabat, el Pesaj (Pascua), la Fiesta de los Panes sin levadura, la Fiesta de los Primeras Frutos, Shavuot (Pentecostés), Yom Teruah (Trompetas), Yom Kipur (Expiación) y el Sucot o Fiesta de los Tabernáculos. La anteriores no son fiestas o conmemoraciones de los judíos; son "Santas convocaciones del Señor" (Levítico 23:2, 37, 44).
En este contexto, hagamos memoria de cómo Dios ordenó a Moisés construir una serpiente de bronce en el desierto. El propósito era que los hijos de Israel, al ser mordidos por las ardientes y venenosas serpientes (Números 21:8-9), miraran el objeto de bronce para obtener sanación. A la postre, lo que hizo el pueblo fue adorar y ofrecer incienso a esta serpiente convirtiéndola en objeto idolátrico. La serpiente en cuestión sería finalmente destruida por el rey Ezequías (2 Reyes 18:4). En la iglesia el símbolo de la cruz se ha convertido en algo similar a la serpiente de bronce. Muchos adoran hoy el objeto de crucifixión en sí mismo – es decir, la cruz - mientras pretenden olvidar que el Señor fue crucificado en ella. En sí, la cruz no es sino un simple madero. Pero los habitantes cananeos adoraban también un poste o tronco de madera - símbolo de la divinidad pagana de Asherah (Asera, Astarot o Astarté). En este sentido, cuando la cruz se hace objeto de adoración, ésta funge o actúa como poste pagano de Asera.
En términos concretos, todo ídolo levantado debe ser removido, a fin de que Dios pueda perdonar a la iglesia y en consecuencia, la esposa pueda prepararse. La iglesia no puede “reclamar” o disponer fiestas o celebraciones paganas por sí misma. Es Dios quien define claramente Sus fiestas. La iglesia debe comprender su relación con el pueblo escogido de Dios: la nación de Israel. Nuestra postura es la de ser Mesías – instrumento de unción en medio de Israel - “servidor de la circuncisión… para confirmar las promesas dadas a los padres” (Romanos 15:8)
Lo determinante es desprendernos de las tradiciones del pasado sujetándonos con firmeza a la verdad Escritural. “¡A la ley y al testimonio! Si no hablan conforme a esta palabra, es porque no hay para ellos amanecer” (Isaías 8:20). “Conozcamos, pues, esforcémonos por conocer al SEÑOR. Su salida es tan cierta como la aurora, y El vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia de primavera que riega la tierra” (Oseas 6:3).