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El Juicio y los Judíos (y otros)

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Acabo de regresar de un viaje-misión a la tierra de Israel, el cual tuve el honor de liderar. Una mañana al salir del hotel caminé hasta un puesto de periódicos próximo y compré la versión inglesa del diario Jerusalén Post, a fin de informarme del acontecer nacional e internacional. Al mirar con atención la edición del diario, observé un titular que decía: "Falwell: Los judíos no necesitan convertirse para ir al cielo". El titular me sorprendió mucho, especialmente viniendo de alguien como Jerry Falwell, aunque desde la publicación de dicha nota, el Dr. Falwell ha negado sistemáticamente haber asumido tal posición.


Al mirar con atención la edición del diario, observé un titular que decía: "Falwell: Los judíos no necesitan convertirse para ir al cielo"

El artículo del Post anunciaba la formación de "Cristianos Unidos por Israel", una nueva organización fundada por el pastor John Hagee de la iglesia Cornerstone y el rabino Aryeh Scheinberg de la congregación Rodfei Sholom - ambos localizados en San Antonio, Texas. La acción fue iniciada para presentarle a Israel una sola voz de los cristianos y alentar a Israel a cesar su compromiso de continuar cediendo tierras a los palestinos. El artículo decía que el pastor Hagee y al rabino Scheinberg propician lo que ellos llaman "teología de los dos pactos" para significar que tanto Israel como la iglesia poseen pactos legales con Dios y por lo tanto, ambos poseen legítimas expectativas de "llegar al cielo" al final de la presente vida. Según esta nueva perspectiva, los judíos no tienen que convertirse al cristianismo para "alcanzar el cielo". Por supuesto, lo anterior es un cambio total a la enseñanza cristiana tradicional desarrollada por los padres de iglesia entre el segundo y cuarto siglo, la cual sostiene que la iglesia ha substituido por completo a Israel en los convenios hechos por Dios (Teología del Reemplazo). En ese entonces igualmente evolucionó la teología eclesial que sostiene que la iglesia es el ente u órgano exclusivo de salvación en el mundo. Según la enseñanza, el pueblo judío, al igual que todos los no incluidos en la iglesia están condenados a ir al "infierno" después de la muerte.

Existe una gran presión por el tema a raíz de la existencia indiscutible de bendición Divina que goza el estado de Israel. Resulta ilógico y bíblicamente inconsistente decir que Dios bendice la nación de Israel mientras condena al infierno a cada uno de los miembros que forman esa nación. En consecuencia, muchos cristianos evangélicos confrontan un nuevo dilema. Van, visitan Israel y experimentan un sentido profundo de la presencia y bendición de Dios en Israel. Estos cristianos interactúan con israelíes que, a pesar de hacer frente día a día a los desafíos impuestos por la amenaza terrorista y a la dificultad general de vida en Medio Oriente, exhiben lo que los cristianos mismos califican "fruto del Espíritu, como es la confianza, el amor y la paz". Los cristianos que van a Israel sienten el deseo profundo apoyar y ser amigos de los valerosos hombres y mujeres de Israel. Sin embargo, la doctrina aprendida por los cristianos les dice que estos mismos israelíes cuando mueran "irán al infierno". Luego, si son fieles a su propia doctrina, el primer y único acto verdadero de amor para con los buenos Israelíes deberá ser intentar convertirlos a fin de "salvarlos".


Estos cristianos interactúan con israelíes que exhiben lo que los cristianos mismos califican "fruto del Espíritu ..."

Como resultado del mencionado dilema, muchos cristianos enfrentan el conflicto de modificar su posición doctrinal hacia el reacomodo de la situación antes descrita con los Israelíes. Es lo que ha conducido al desarrollo de la "teología de los dos pactos" de Hagee y el rabino Scheinberg. Percibimos este conflicto o lucha como un desarrollo muy esperanzador que llevará, al menos a la iglesia, a adoptar una sana teología en lugar de continuar la doctrina no-bíblica Constantina aceptada ortodoxamente como pensamiento cristiano.

PACTOS Y JUICIO
Una errada concepción muy común en el pensamiento cristiano es que Dios inicia Sus pactos para suministrar salvación a toda la humanidad (es decir, la parte elegida, que acepta o se somete a los requisitos impuestos por el pacto). Un estudio cuidadoso de la Biblia claramente probará que Dios inicia Sus pactos para santificar los socios o participantes en el proceso redentivo. En otras palabras, Dios está en la búsqueda de individuos y grupos de la comunidad humana para hacerlos ayudantes o asistentes del proceso de redención mundial. Los pactos no tienen relación con la aceptación o rechazo de una persona o grupos en la vida futura. De manera más específica, los convenios no fueron iniciados por Dios para proveer o proporcionar salvación.

Cada pacto iniciado por Dios identifica a un socio en el convenio. El pacto iniciado por Dios en el Monte Sinaí distingue a la nación de Israel como socio de un pacto. El pacto Ben-David (2 Samuel 7) identifica al descendiente de David (el renuevo justo -el Tzemach que habla Jeremías 23:5-6) como socio de otro pacto. El Nuevo Testamento sostiene que Jesús es socio de este pacto. Todo creyente cristiano a nivel personal entra a formar parte de este pacto por medio de su unión en fe con el Mesías Jesús. El propósito fundamental de cada pacto quedó explicado por Dios al establecer Su convenio original con Abraham: "... en ti serán benditas todas las familias de la tierra" (Génesis 12:3b). Concluimos entonces que los participantes o socios de un pacto Divino se convierten en servidores especiales del resto de humanidad al Dios operar y satisfacer Su plan de Redención por medio de ellos.


En efecto, si se permitiera a Jesús enseñar hoy en nuestras congregaciones evangélicas, el Señor sería considerado un hereje.

JUICIO FINAL Y VIDA DESPUES DE LA MUERTE
Retornemos ahora a la cuestión futura de ser o no aceptados. El Nuevo Testamento asegura que cada alma es responsable de dar cuenta a Dios. El escritor del libro de hebreos dice: "y así como está decretado que los hombres mueran una sola vez, y después de esto, el juicio" (Hebreos 9:27). El Mesías Jesús enseñó que el juicio se basa en lo hecho en esta vida. Jesús declaró: "No os admiréis de esto; porque viene la hora en que todos los que están en los sepulcros oirán su voz, y saldrán: los que hicieron lo bueno, a resurrección de vida, y los que practicaron lo malo, a resurrección de juicio" (Juan 5:28-29). Alguien preguntó a Jesús que debía hacerse para heredar la vida eterna. Jesús respondió afirmando: "... si deseas entrar en la vida, guarda los mandamientos" (Mateo 19:17b). Estas enseñanzas de Jesús obviamente entran en conflicto con el pensamiento tradicional cristiano. En efecto, si se permitiera a Jesús enseñar hoy en nuestras congregaciones evangélicas, el Señor sería considerado un hereje. No obstante, todo el tema novo-testamentario sobre el juicio personal se sustenta en lo hecho en esta vida. Pablo confirmó exactamente eso (Romanos 2:6-8). Igualmente lo hizo Juan (Apocalipsis 20:11-15). Incluso Pablo fue más allá al enseñar que los gentiles que no han tenido la ventaja de tener la revelación y el conocimiento bíblico serán juzgados por la respuesta de su conciencia en base a lo mostrado por Dios en la naturaleza (Romanos 2:12-16). Es importante hacer notar aquí que la plataforma que hace posible este proceso de juicio es la muerte y expiación del Mesías Jesús en la cruz, méritos que justifican a vida a la totalidad de los hombres (Romanos 5:18). El juicio de cada quien, por lo tanto, no se basa en relaciones de convenio o pactos, elección de Dios, situación étnica, declaración de fe, membresía de una iglesia o ciudadanía Israelí. El juicio final se basa exclusivamente en lo realizado en esta vida en función a la revelación que tuvo cada individuo.

Puesto que el juicio personal le corresponde exclusivamente a Dios, nunca debemos presumir sobre el destino final de una persona o grupo. Aun así, basándonos en el patrón Escritural arriba citado, podríamos especular que:

    (1) el ministro cristiano que pide ofrendas, por televisión, radio, etc., a ancianos, personas incapacitadas y gente de bajo recursos, mientras exhibe una vida suntuosa contraria a lo que enseñado en la Biblia, muy posiblemente será juzgado por tan indigno accionar e irá al infierno.

    (2) el aborigen que nunca ha escuchado hablar del Dios de la Biblia o parte de la Escritura, pero vive humildemente delante de Dios (Miqueas 6:8) en función a la revelación natural recibida, muy probablemente al morir será aceptado por Dios.

    (3) el judío que viva en rectitud y justicia delante del Señor igualmente será aceptado, mientras que aquella persona judía (o otra nacionalidad) que haga maldad previsiblemente Dios lo rechazará en la futura vida.
Como mencioné al principio, nos contenta que estos temas estén siendo discutidos abiertamente entre los cristianos evangélicos y la contraparte judía - el camino por recorrer es largo y la discusión extensa. Felicitamos al pastor Hagee y al rabino Scheinberg por sus esfuerzos por adelantar el proceso. Creemos que la iglesia evangélica está dando pasos importantes para alejarse de las falsas doctrinas Constantinas, acercándose más y más a la verdadera teología. He escrito sobre esta misma materia en dos libros titulados "God's Final Call" y "Hebraic Roots". Para el estudio adicional del tema recomiendo la pronta lectura de estas dos obras.