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Con el advenimiento de la Guerra de Independencia, musulmanes y judíos se ven en la obligación de emigrar produciendo el crecimiento de Israel. En forma simultánea, la inmigración desde Occidente continuaba fortaleciéndose lo suficiente para que, con la ayuda de Dios, el pueblo de Israel pudiera tomar y asegurar la capital Jerusalén en lo que se conoce como la Guerra de los Seis Días del 67.
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Pero, en relación con Jerusalén, el Mesías Jesús profetizó antes de Su crucifixión en Lucas 21:24: "Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan".
Jesús reconoce que la señal cierta del regreso del pueblo de Israel a su tierra se cumpliría cuando Israel fuera lo bastantemente fuerte para retomar y controlar Jerusalén. En efecto, el evento señalaría el "final" del tiempo de los gentiles, es decir, período cuando el propósito de Dios se enfocaba en el resto de las naciones. Con el retorno de Israel de nuevo a su tierra, Dios reconcentra Su propósito en el Reino de Dios centralizándolo en Su pueblo y en la tierra de la promesa.
Cualquiera que valore las profecías bíblicas debería ciertamente reconocer el aniversario del Día de la Independencia y del Día de Jerusalén en Israel. Ambas fechas constituyen el señalamiento del camino de redención impuesto por Dios. Ambas fechas nos permiten conocer que prontamente las palabras expresadas por Juan serán cumplidas: "El reino del mundo ha venido a ser el reino de nuestro Señor y de Su Cristo; y El reinará por los siglos de los siglos". (Apocalipsis 11:15b).