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La Práctica de la Homosexualidad y la Iglesia
 
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Hace poco en una convención realizada en la ciudad de Miniápolis, la Iglesia Episcopal decidió la ordenación como obispo de uno de sus miembros, el Reverendo Gene Robinson, un declarado homosexual. Los resultados de la convención abrieron la puerta para la legalización de uniones o "matrimonios" de personas del mismo sexo en la iglesia. Mucho se ha comentado con respecto a la significación que tiene este acontecimiento. En especial, el sector Evangélico ha expresado su alarma debido al alejamiento de los principios bíblicos reflejado en las acciones de la iglesia episcopal. Ciertamente, las decisiones tomadas en la convención de la iglesia episcopal están completamente fuera del lineamiento de la Biblia, sin embargo, creemos que la acción es consistente con toda la historia y practica desarrollada por la doctrina cristiana. Ampliar y fundamentar la expresión anterior será el propósito del presente artículo.

En primer lugar, debemos tener en cuenta la clara y directa posición que posee la Biblia referente a las prácticas homosexuales. Nos basaremos en la Escritura Hebrea así como en la Mesiánica con el propósito de demostrar, desde la perspectiva divina, que no ha habido cambio o evolución en el criterio de Dios. La Torah dice: "No te acostarás con varón como los que se acuestan con mujer; es una abominación." (Levítico 18:22). También, "Si alguno se acuesta con varón como los que se acuestan con mujer, los dos han cometido abominación; ciertamente han de morir. Su culpa de sangre sea sobre ellos." (Levítico 20:13). El apóstol Pablo, casi mil quinientos años mas tarde, trata este punto en su carta dirigida a la iglesia de Roma: "Por esta razón Dios los entregó a pasiones degradantes; porque sus mujeres cambiaron la función natural por la que es contra la naturaleza; y de la misma manera también los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lujuria unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos el castigo correspondiente a su extravío." (Romanos 1:26-27). Así pues, concluimos que desde el punto de vista de las Escrituras, las actividades homosexuales están terminantemente prohibidas y que todo individuo que practique dichas actividades traerá el juicio severo de Dios sobre si mismo.

Muchos preguntan, a la luz de la referencia escritural arriba señalada, ¿cómo tomó la iglesia episcopal tal decisión? Observadores asistentes a la mencionada conferencia citan el hecho de que el paso tomado por los episcopales se fundamenta en la Biblia, la tradición de la iglesia y la razón. Obviamente, al utilizar como referencia cualquier cosa más allá de la Biblia, se crean y desarrollan prácticas aunadas a conceptos de moralidad cambiantes para una sociedad. También en la convención pudo notarse el uso de un lenguaje nuevo, el "evangelio de inclusión y afirmación". Este "nuevo evangelio" se fundamenta en una visión no-escritural sobre Jesús, su persona y misión. Ciertamente, los homosexuales anhelan ser incluidos y afirmados motivado a que ellos mismos han negado las funciones naturales de su propia condición física.

El problema verdadero va más allá de la iglesia episcopal. Sin ningún rumbo, la doctrina cristiana se ha distorsionado distanciándose de los estándares bíblicos. La razón es que su condición es fundamentalmente hombre-céntrica. La doctrina cristiana se centra exclusivamente en lo que el hombre necesita y no en lo que Dios hace, requiere y exige de aquellos que participan junto a El en Su accionar. Por ejemplo, los llamados Padres de la Iglesia (~100-425 DC) desarrollaron el "evangelio de la salvación" en lugar del "mensaje del Reino del Dios" predicado por Jesús. Hoy, el "evangelio de la salvación" es aceptado casi universalmente en todas las iglesias, a pesar de que el mismo Jesús no lo reconocería sobretodo si se compara con el mensaje proclamado por El.

Otra área donde la doctrina de la iglesia se aparta de los estándares bíblicos es la que corresponde con la visión de la Torah [la iglesia utiliza el término Ley para referirse a la Torah]. Los ansiosos Padres de la Iglesia hicieron todo lo que pudieron para diferenciarse o distinguirse de Israel. Debido a que el pacto establecido entre Dios e Israel se entreteje en la Torah, la Torah debía ser rechazada a los fines de poder desechar, desestimar y cancelar el convenio realizado con Israel. En su lugar, los llamados Padres de la Iglesia imaginaron una "nueva ley en el Espíritu", aunque nunca definieron lo requerido por esta nueva ley ni sus provisiones. En consecuencia, la "nueva ley" se convirtió en "no-ley". Simplemente, se permitió que cada individuo o grupo definiera lo que era aceptable o inaceptable de una práctica o costumbre, siendo usurpada posteriormente toda función decisoria por los conocidos Concilios Ecuménicos o de la Iglesia.

La práctica de definir lo que es conducta aceptable o no independientemente de la revelación de Dios mostrada en las Escrituras, permitió a la iglesia temprana asimilarse a su antojo dentro de una determinada cultura. Es así como leemos sobre la Cristianización del Imperio Romano (¿o Romanización [1] de la Cristiandad?), la Europa Cristiana y, más recientemente, la América Cristiana. Luego, en nuestro caso, mientras la cultura popular norteamericana (o la falta de ella) se adhiere al estilo de vida homosexual, el cristianismo no se queda muy lejos. A este respecto, la iglesia episcopal se posiciona a la vanguardia de lo que está por venir; muy pronto otras iglesias le acompañarán.

¿Cómo debería responder la iglesia a este problema? Con sincero arrepentimiento, la iglesia definitivamente necesita arrepentirse. La iglesia debe regresar a sus raíces, a su origen, el lugar de donde partió separándose de la revelación bíblica. La iglesia debe aceptar y adoptar la Torah. Debe retomar su identidad como subgrupo de Israel y debe proclamar el "mensaje del Reino de Dios". Mas claramente, la iglesia debe retornar a la visión establecida por los apóstoles de la iglesia del primer siglo. En los tiempos de Pablo, los cristianos eran reconocidos como una secta (secta del judaísmo) denominada el Camino (Hechos 24:14).

Y se preguntará, ¿cómo lograr semejante desafío? Definitivamente, no se logrará jamás por medio de las grandes denominaciones cristianas quienes seguirán en su pecado y apostasía. Solo lo lograrán los individuos --- como usted --- determinados a servir a Dios sin consideraciones de ninguna especie y al costo que sea. Se logrará mediante el estudio sincero, honesto y sistemático de las Escrituras y por medio del conocimiento pleno de la historia. Este es el objetivo y metas de los cursos del Instituto Tzemach de Estudios Bíblicos. Consulte por favor nuestro aviso sobre próximas inscripciones este año. Hágalo ahora. ¡No lo deje para después!

[1] Pido disculpas por la fabricación de nuevas palabras.

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