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Los Dones del Espíritu Santo
 
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La Biblia constantemente nos da testimonio de su inherente verdad. Lo mismo aplica con los dones del Espíritu Santo. Pareciera que existe una aparente discrepancia entre los dones manifestados por Jesús y aquellos manifestados por la Iglesia. Esta supuesta discrepancia, no obstante, da pie a un asombroso testimonio de la verdad de la palabra de Dios.

En su primera carta a los Corintios, Pablo enumera los dones del Espíritu Santo (1 Corintios 12:7-11). En la lista se incluyen los siguientes dones o manifestaciones del Espíritu: sabiduría, conocimiento, fe, sanidad, milagros, profecía, discernimiento de espíritus, lenguas e interpretación de lenguas. Según lo registran los evangelios, los primeros siete dones pueden observarse plenamente en el ministerio realizado por el Mesías Jesús. Los evangelios no muestran que Jesús alguna vez ejercitara el don de lenguas y, como resultado de esto, tampoco hubo cabida para la interpretación de lenguas. Ambos dones sin embargo, se manifestaron de manera inmediata a comienzos de la Iglesia el día de Pentecostés (Hechos 2:4). ¿Porqué en la Iglesia se manifestaron dones sin antes ser manifestados por el Señor? La respuesta a esta pregunta resulta muy interesante y afianza una sólida confirmación de la verdad de las Escrituras.

Los dones del Espíritu Santo son simplemente la obra u operación de Dios. Los dones son la manifestación de un Dios omnipotente, omnisoberano y omnisciente que rige sobre Su universo. El Mesías Jesús fue y es la patente manifestación del Padre o "Palabra de Dios". Él dijo, "En verdad, en verdad os digo que el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que hace el Padre, eso también hace el Hijo de igual manera." (Juan 5:19). En consecuencia, las manifestaciones del Espíritu Santo en el Mesías Jesús fueron simplemente la obra de Dios, lo que Dios hace y ciertamente había hecho en previas generaciones a través de Sus profetas. Como sabemos estas obras incluían sabiduría, entendimiento, fe, sanidad, milagros, profecía y discernimiento de espíritus.

Por ejemplo, analicemos el significado especial del número siete en la Escritura. Con el estudio de la Biblia, se hace evidente que este número representa una señal de la mano de Dios y de la totalidad de Su obra. Los siete días de la creación son una muestra de esto. Dios santifica el séptimo día, el séptimo mes, el séptimo año y el siguiente año al año siete veces siete (49 años). Adicionalmente, Juan nos habla de los "siete Espíritus de Dios" (Apocalipsis 5:6). Podemos concluir entonces, que los siete diferentes dones del Espíritu Santo observados en el ministerio de Jesús siguen el mismo patrón y apuntan a la esencialísima totalidad de la manifestación misma de Dios por intermedio del Mesías Jesús.

Nuevamente, de la Escritura se desprende que es el plan divino hacer realidad estas mismas cosas actuando Jesús en medio de Su cuerpo, la Iglesia de la misma manera que fueron manifestadas directamente en la persona de Jesús durante Su ministerio terrenal. No es raro entonces y debemos esperar que en efecto suceda, que los siete dones del Espíritu Santo se desarrollen plenamente en la Iglesia. Recordemos no obstante, que en el cuerpo, tenemos dos adicionales dones: el don de las lenguas y el don de interpretación de lenguas. En consecuencia, podemos preguntarnos, ¿recibió acaso la iglesia algo más de lo que recibió Jesús?

El propósito de las lenguas no es otro que servir de auxilio a los creyentes; a todos aquellos que como seres humanos redimidos y llenos del Espíritu Santo, aún seguimos viviendo en la carne. El don de lenguas se nos da para ayudarnos a interceder, adorar y comunicarnos con Dios. Pablo dice que el que habla en lenguas habla a Dios. El que habla en lenguas habla misterios a Dios y es edificado al hacerlo (1 Corintios 14:2,4). Pablo también escribió en referencia a la intercesión: "Y de la misma manera, también el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; porque no sabemos orar como debiéramos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles; y aquel que escudriña los corazones sabe cuál es el sentir del Espíritu, porque El intercede por los santos conforme a la voluntad de Dios." (Romanos 8:26-27). Sabemos que el don de lenguas puede manifestarse a través del individuo en intercesión y adoración privada ante Dios. En este caso, la interpretación no es necesaria. No obstante, si en un servicio de adoración del cuerpo de creyentes el don de lenguas se hace manifiesto, las lenguas deben recibir interpretación, a fin de edificar a la corporación entera de creyentes y permitir que el servicio proceda de manera ordenada siempre glorificando a Dios.

¿Porqué el don de lenguas no se hizo manifiesto en el ministerio terrenal del Mesías? Nosotros creemos que la comunión de Jesús con el Eterno Dios fue única y completa porque Jesús era el Hijo unigénito del Padre sin mancha. Para Su comunión y adoración a Dios, Jesús nunca requirió auxilio como usted y yo si necesitamos. En efecto, la Escritura afirma que El recibió el Espíritu Santo sin medida (Juan 3:34).

Finalmente, el tema de los dones del Espíritu Santo ofrece un maravilloso testimonio de la verdad inherente de la Biblia. Vemos en el ministerio del Mesías Jesús la totalidad de Dios manifestada por medio de los "siete" dones del Espíritu Santo. Por otra parte, en la iglesia, compuesta de seres humanos regenerados aun con las marcas del pecado en la carne, un don adicional se nos ha otorgado, el de las lenguas, y su propósito es ayudarnos a funcionar a capacidad para el llamado que hemos recibido. Por otro lado, el don de interpretación de lenguas acompaña al uso del don adicional de las lenguas, cuando éstas se hacen presente en la adoración colectiva de la congregación siempre para el buen orden, madurez y edificación general del cuerpo de creyentes del Mesías. Queda nuevamente confirmada en la Biblia la sabiduría y la gloria de nuestro Dios.