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Tzemach Noticias
| "La Posición de la Mujer en el Islam"
El diccionario define al feminismo como la doctrina y movimiento social que pide para la mujer el reconocimiento de unas capacidades y unos derechos que tradicionalmente han estado reservados para los hombres. En la universidad, con frecuencia pude escuchar a estudiantes musulmanes expresar que una de las superioridades del Islam era el hecho que había logrado elevar a la mujer desde una posición servil. Esta declaración parece absurda a la luz de las condiciones que actualmente enfrentan las mujeres en muchos de los países musulmanes del planeta.
La realidad es que el Islam ve a la mujer como una esclava. A pesar de los esfuerzos del "Islam moderado" por representar y calificar como muertes de honor lo que en realidad son aberraciones, es obvio que el Corán y los Hadiths del profeta Mahoma justifican enteramente el tratamiento inferior de la mujer con respecto al hombre. Los musulmanes con quienes he conversado alegan que la tradición judeacristiana, de hecho, ha esclavizado a millones de mujeres a sus bajos deseos y que son los decadentes valores de Occidente los que hacen que las mujeres sean consideradas un poco más que prostitutas. Lo anterior nos deja la pregunta de cual es la verdadera posición de la mujer en el cristianismo y si la posición del Islam es realmente "superior".
En la Biblia, el libro del Génesis nos presenta el concepto de la mujer. Dios determinó que Adán necesitaba una ayudante y formó de la costilla del hombre la mujer. De inmediato, la relación que se forma entre el hombre y la mujer es una de atención, interés y respeto mutuo:
"Y el hombre dijo: Esta es ahora hueso de mis huesos, y carne de mi carne; ella será llamada mujer, porque del hombre fue tomada. Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne" (Génesis 2:23-24)
De inmediato se entiende que para alcanzar la unión sagrada del hombre y la mujer, el hombre estará dispuesto a entregar todo. Incluso después de la caída, es evidente que el hombre todavía valora a la mujer, cuando al nombrarla, Adán le coloca a la mujer el nombre más grande que Dios ha concedido, vida.
"Y el hombre le puso por nombre Eva a su mujer, porque ella era la madre de todos los vivientes" (Génesis 3:20)
El cuadro representado no es el de una sumisión servil del uno sobre el otro, sino dos seres que se complementan, que operan juntos en honor y respeto. Este cuadro se ve enfocado mayormente en las exhortaciones dadas en las escrituras mesiánicas:
"Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado por el lavamiento del agua con la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia en toda su gloria, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa e inmaculada. Así también deben amar los maridos a sus mujeres, como a sus propios cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás su propio cuerpo, sino que lo sustenta y lo cuida, así como también Cristo a la iglesia" (Efesios 5:25-29)
De hecho, incluso cuando la exhortación es la obediencia, ésta se disipa en el amor:
"Mujeres, estad sujetas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres y no seáis ásperos con ellas" (Colosenses 3:18-19)
Comparemos ahora todo esto con la imagen de la mujer dada en el libro del Corán. El Corán sitúa claramente a la mujer como criatura inferior:
"Ellas tienen derechos equivalentes a sus obligaciones, conforme al uso, pero los hombres están un grado por encima de ellas" (Sura 2:228)
"Los hombres tienen autoridad sobre las mujeres en virtud de la preferencia que Alá ha dado a unos más que a otros y de los bienes que gastan" (Sura 4:34)
El Corán considera a la mujer intelectualmente inferior y por lo tanto su testimonio no es valido ni confiable:
"Llamad, para que sirvan de testigos, a dos de vuestros hombres; si no los hay, elegid a un hombre y a dos mujeres de entre quienes os plazcan como testigos, de tal modo que si una yerra, la otra subsane su error" (Sura 2:282)
La tradición judeocristiana siempre ha valorado a la mujer como aporte y contribución del plan redentivo de Dios. Este es el caso de mujeres líderes mostrados a través de toda la Escritura como Débora (Jueces 4), Jael (Jueces 4:21) y Rahab (Josué 2). Adicionalmente, en las escrituras mesiánicas tratan la belleza de la fe de María, la fidelidad de María Magdalena y las dotes y apoyo de Lidia (Hechos 16). Por su parte, el Islam considera a las mujeres como de poco valor, vacías, insípidas y si son desobedientes deben ser golpeadas:
"¡Amonestad a aquéllas de quienes temáis que se rebelen, dejadlas solas en el lecho, pegadles!" (Sura 4:34)
"Si teméis no ser equitativos con los huérfanos (mujeres), entonces, casaos con las mujeres que os gusten: dos, tres o cuatro. Pero. si teméis no obrar con justicia, entonces con una sola o con vuestras esclavas. Así, evitaréis mejor el obrar mal" (Sura 4:3)
Incluso la promesa del paraíso se da en términos de elementos disfrutados exclusivamente por los hombres, dejando en el tapete la pregunta de qué tiene el dios del Islam para las mujeres en la vida futura, y si se preocupa por ellas o si son ellas simplemente una inconveniencia necesaria en la felicidad del hombre. Otro aspecto resaltante es que mientras la Biblia describe la vida futura en términos asexuales, el Corán describe los placeres de la vida por venir en términos de completa sexualidad.
Cada año, en los países islámicos, mujeres son asesinadas en las llamadas "matanzas de honor", práctica aberrante donde las mujeres pagan por los pecados de los hombres. Una “palestina” que respondía al nombre de Rofayda Qaoud fue violada y embarazada por su propio hermano. A cambio, la madre la asfixió y abriéndole después las venas de las manos la desangró porque Rofayda no había tenido la decencia suicidarse.1 En Alemania, Ayhan Surucu estaba tan molesto con las maneras occidentalizadas de su hermana, que la asesinó disparándole tres tiros en la cabeza en una parada de autobús. Los pecados de Ayhan Surucu eran maquillarse y verse con hombres alemanes.2
¿Por qué dejan atrás las mujeres occidentales sus raíces judeocristianas para abrazar el Islam? Existen dos factores. El primero es que las iglesias no enseñan bíblicamente la verdad. El resultado es una religión que enfoca "todo sobre mí", sin considerar que los seres humanos fueron diseñados para lograr propósitos de mayor altura. El tema nunca ha sido, ni es, sobre nosotros, sino sobre Dios y servirle en función a su voluntad. Cada ser humano dentro de si mismo sabe esto. El segundo aspecto es que la mujer no ha podido entender y ejecutar a plenitud su posición en la vida. Si las mujeres están buscando sentido y propósito no existe otro que trabajar activamente por el establecimiento y realización del reino de Dios en la tierra.
1 Culture of Death? Palestinian Girl’s Murder Highlights Growing Number of “Honor Killings”
2 Teenager Killed His Sister for Living a Western Life