Jeremías es designado por Dios como profeta a las naciones (Jeremías 1:5, 10). El gran juicio [tribulación] igualmente recaería en los gentiles. Dios le dice a Jeremías, "Toma de mi mano esta copa del vino del furor, y haz que beban de ella todas las naciones a las cuales yo te envío. Y beberán y se tambalearán y enloquecerán a causa de la espada que enviaré entre ellas... Ha llegado el estruendo hasta el fin de la tierra, porque el SEÑOR tiene un pleito contra las naciones; entra en juicio contra toda carne; a los impíos, los entrega a la espada" (Jeremías 25:15-16, 31). Observamos como Dios no solamente juzga a Israel por su infidelidad, sino que también el Señor comenzaba a juzgar a las naciones por sus acciones y obras. El juicio sería tan extenso, amplio y extraordinario que "los muertos por el Señor en aquel día estarán desde un extremo de la tierra hasta el otro" (Jeremías 25:33a), en el juicio Divino el Humanismo no es un factor preponderante, "No los llorarán, ni los recogerán, ni los sepultarán; serán como estiércol sobre la faz de la tierra" (Jeremías 25:33b).
El concepto del vaso ungido de Dios habitando en medio del juicio divino no es nuevo en Israel. Recordemos que Dios no aparta a Moisés de Egipto al momento de juzgar las divinidades egipcias. Dios tampoco desvía a Su pueblo del conflicto con los habitantes de la Tierra cuando Israel entra por primera vez en Canaán. De hecho, es siempre a través de un instrumento de unción que el Señor declara Su juicio sobre Sus enemigos. Dios no define Su juicio para posteriormente apartar o remover al vaso ungido. Todos somos testigos de lo acontecido a los profetas presentes en medio del juicio de Dios a Su pueblo.
Lo mismo acontecerá con la Iglesia instrumento de unción del Mesías. En efecto, Jesús dijo sus discípulos que no sólo enfrentarían tribulación, sino que ellos mismos tendrían que sobrellevarla (Juan 16:33). Pablo y Bernabé declaran que "Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios" (Hechos 14:22). Han transcurrido dos milenios y esta realidad no ha sufrido cambio alguno. Aquí la palabra griega traducida como tribulación significa "aflicción, angustia, sufrimiento, dificultad, persecución" y es la misma usada casi siempre en el texto bíblico. La tribulación de la que nos habla Jesús se inició hace 2.000 años cuando en las afueras de Jerusalén el Señor muere en la cruz. A partir de entonces, la tribulación ha ido incrementándose progresivamente.
Es debido a la tribulación que luchamos y perseveramos. El apóstol Pablo dijo que la "tribulación produce paciencia" (Romanos 5:3). Santiago por su parte proclama, "Bienaventurado el hombre que persevera bajo la prueba, porque una vez que ha sido aprobado, recibirá la corona de la vida que el Señor ha prometido a los que le aman" (Santiago 1:12). Jesús nos dice que debemos perseverar hasta el fin, "Y al vencedor, al que guarda mis obras hasta el fin, le daré autoridad sobre las naciones" (Apocalipsis 2:26), y en Mateo, "Pero el que persevere hasta el fin, ése será salvo" (Mateo 24:13).
Pero retomemos la discusión sobre Jeremías. Este profeta tenía problemas para comprender como el impío podía prosperar en su iniquidad y maldad (Jeremías 12:1-4). En realidad, Jeremías creció hastiado de ver las malas acciones debido a que el mismo tuvo que sufrir por causa de ellas. Dios ya había hablado sobre la prosperidad obtenida por los impíos (Jeremías 5:23-28; vea también el Salmo 34:21, Proverbios 11:19,21). Ahora Dios reprende a Jeremías diciéndole, "Si corriste con los de a pie y te cansaron, ¿cómo, pues, vas a competir con los caballos? Si caes en tierra de paz, ¿cómo te irá en la espesura del Jordán? (Jeremías 12:5). En palabras simples, si confrontas problemas cuando existe paz, ¿cómo perseverarás cuando el camino se ponga escabroso y difícil?
En los Estados Unidos, en general estamos sólo comenzando a saborear la tribulación que nos viene encima. Comenzando por Jerusalén e Israel, la tribulación ha llegado finalmente a las partes más remotas del planeta. En comparación con el resto del mundo, para la mayoría de los norteamericanos la vida ha sido siempre fácil. Por lo que escuchamos en la radio y leemos en las publicaciones cristianas, para muchos creyentes de este país la tribulación al parecer consiste únicamente en no permitírseles predicar libremente el mensaje de salvación en sus lugares de trabajo, remover el cuadro de los Diez Mandamientos (los cuales de cualquier modo la mayoría de los cristianos no obedecen) de las cortes o tribunales de justicia o prohibir a los adolescentes orar alrededor de la bandera en sus escuelas. Aún así, una gran tribulación está por venir al planeta y de acuerdo a lo declarado por Jesús comenzaremos a sufrirla a importante escala, "porque habrá entonces una gran tribulación, tal como no ha acontecido desde el principio del mundo hasta ahora, ni acontecerá jamás." (Mateos 24:21; vea también a Daniel 12:1b).
Un estudio del libro del Apocalipsis nos revela que en verdad podemos estar inmersos ya en el centro mismo de la llamada "tribulación". Vemos en nuestro mundo guerras, hambre y muerte (los primeros cuatro sellos), mares y ríos que no son aptos para la vida animal (las primeras tres trompetas), incendios y desastres naturales incrementándose y los primeros intentos por el establecimiento de un gobierno único mundial ("la bestia"). Igualmente, somos testigos del retorno del pueblo de Israel a la Tierra, lo cual sin excepción profetizaron todos los profetas para el tiempo final.
El objetivo no es atemorizar a nadie. De hecho, el libro de Apocalipsis nos muestra que mientras los juicios divinos son derramados sobre la tierra, la adoración y la alabanza de Dios irá en aumento. Son simplemente dolores de parto, el principio del Reino de Dios y el regreso del Rey, Su Mesías. Podemos confiadamente llenarnos de esperanza al saber que Dios está redimiendo a toda Su creación. Pero debemos ser fuertes y valientes, tal como Dios dijo a Israel cuando estaba a punto de entrar a la Tierra Prometida. Nuestro trabajo consiste en convivir en medio de las naciones declarando y proclamando la Gloria de Dios y sobretodo exhortando a Israel Su pueblo a enfrentar y luchar la batalla contra las naciones. Sobretodo, debemos oponernos a cualquier esfuerzo humano de dividir la tierra santa de Dios.
Pero todo esto no será posible si tenemos temor. Debemos acercarnos en oración y en confianza al Señor porque Dios dijo, "Me buscaréis y me encontraréis, cuando me busquéis de todo corazón." (Jeremías 29,13). Es mandatorio estudiar Su palabra para poder discernir lo qué está ocurriendo en el mundo hoy.
¿Cómo puede usted prepararse para ser usado por Dios en este tiempo tan importante e excitante? Le recomendamos unirse a nosotros en nuestro estudio, desde el Génesis hasta el Apocalipsis, de toda la Escritura. Sea testigo de como Dios revela Su plan redentivo por medio de Su Torah y los profetas, Su obra con el Rey David y a través del Rey Salomón. Descubra la fluidez de las Escrituras en total armonía y unidad. Ore junto con otros por el pueblo judío y manténgase al corriente de lo que acontece en la Tierra de Israel. ¡Involúcrese en la edificación de Sión! Si está interesado en participar y recibir información adicional, escribanos una nota, haremos lo posible por guiarle y asistirle.
[ Publicado: 12 Marzo 2003 ]