Tzemach Logo
El Bautismo en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo
 
Home | Artículos | Tzemach Noticias | "El Bautismo en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo"

Antes de ascender a los cielos, el Mesías Jesús habló a Sus discípulos diciéndoles, "Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo." (Mateo 28:18b-20) La frase en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo se ha convertido en una expresión litúrgica muy usada en el acto del bautismo. ¿Quiso enseñar el Mesías Jesús algo más que una simple expresión bautismal? ¿Es posible que haya señalado los pasos esenciales del discipulado?

El bautismo cristiano se basa en la práctica del judaísmo de purificación en el mikveh. La Torah hace distinción entre lo puro e impuro. Siempre que alguien se contaminaba con algo inmundo debía entrar en el mikveh, a fin de limpiarse. El Río Jordán sirvió con este propósito para el mismo Jesús. La persona que entraba en el mikveh debía sumergirse por completo dentro del agua. Así es como la Primera Iglesia adopta la práctica de inmersión o bautismo. De igual manera, el Mesías Jesús introduce el concepto de "ser bautizados en el Espíritu Santo" (Hechos 1:5). Otra vez, la idea es que la persona se sumerja en el Espíritu Santo. Así, al estudiar en la Escritura los ejemplos del bautismo, veremos como las personas se sumergen, cubren y se derraman en un medio que es el bautismo.

El Mesías Jesús instruyó a Sus discípulos a bautizar en el Nombre del Padre, en el Nombre del Hijo y en el Nombre del Espíritu Santo. Entendemos por esto que un discípulo debe sumergirse, ser cubierto y derramado en el bautismo, es decir, en el Nombre. El término nombre en la Biblia implica carácter, función y propósito. A menudo los nombres bíblicos describen el carácter esencial de una persona. Así que lo que el Mesías Jesús realmente estaba enseñando a Sus discípulos era estar inmersos íntima y totalmente en las características del Nombre del Padre, en las características del Nombre del Hijo y en las características del Nombre del Espíritu Santo.

Al estudiar y considerar el nombre del Espíritu Santo que las Escrituras nos hablan podemos descubrir ciertas funciones o características. Quizás en esta discusión el nombre más importante sea el que tiene que ver con la revelación de Jesús. Jesús expresó del Espíritu Santo que "El me glorificará, porque tomará de lo mío y os lo hará saber." (Juan 16:14). Más tarde, Pablo diría que, "nadie puede decir: Jesús es el Señor, excepto por el Espíritu Santo." (1 Corintios 12:3b). Podemos decir que el nombre del Espíritu Santo es quien nos revela al Mesías Jesús. Cuando somos bautizados en el nombre del Espíritu Santo, entonces el Mesías Jesús se hace realidad en nosotros. Somos capaces de discernir (ver) al Mesías resucitado y conocerlo personalmente. En realidad, esta es la señal de que uno ha sido bautizado en el Espíritu Santo. Son incorrectas las enseñanzas del movimiento pentecostal al decir que la prueba de que un individuo ha sido bautizado en el Espíritu Santo es porque habla en lenguas. La prueba o señal bíblica es que el Mesías Jesús se ha revelado completamente ante él, que el individuo discierne y conoce íntimamente a Jesús resucitado.

Al estudiar sobre el Hijo muchos nombres nos vienen a la mente, Salvador, Señor, Maestro e inclusive Palabra de Dios. En nuestra discusión, tomaremos el nombre Señor. En Yom Hashavuot, Pedro dijo sobre el Hijo que Dios lo había hecho "Señor y Mesías" (Hechos 2:36). Cuando somos bautizados en nombre del Hijo, somos bautizados en Su Señorío, se convierte el Mesías Jesús en Señor y nuestro dueño. Señorío implica que El dirige sobrenaturalmente nuestras vidas. Asumimos Su propósito y vivimos para establecer Su gloria. Los apóstoles se consideraron esclavos del Mesías Jesús. La señal de que alguien ha sido bautizado en el nombre del Hijo es que sigue a Jesús como Señor. Jesús profetizó que en Su venida, muchos confiadamente declararán ser aceptados describiendo sus obras. Pero El les dice, "Jamás os conocí; APARTAOS DE MI, LOS QUE PRACTICAIS LA INIQUIDAD." (Mateo 7:23). Lo anterior quiere decir que muchos nunca fueron bautizados realmente en el nombre del Hijo. No conocieron al Hijo como Señor.

Igualmente, sobre el Padre existen muchísimos nombres en la Biblia. Quizás el más importante es el revelado a Moisés. Dios dijo a Moisés, "YO SOY EL QUE SOY" (Éxodo 3:14) Aquí la conjugación del verbo ser se encuentra en tiempo futuro. Luego, la frase se traduce realmente "Yo Seré El Que Seré", lo cual es una fiel declaración de la soberanía absoluta del Santo de Israel. Reconocemos también el nombre Creador Dios se ha revelado adicionalmente como El Shaddai que significa "Dios poderoso". Y finalmente, Dios nos dejó saber un nombre memorial por el que sería reconocido por todas las generaciones, "el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob," (Éxodo 3:15). Este último nombre es de suma importancia porque provee la señal para saber que hemos sido bautizados en el nombre del Padre. Al afiliarnos con Dios como Dios de nuestros padres, nos identificamos también con el pueblo de esos padres, es decir, reclamamos una herencia en medio de Israel y con Israel. Pablo señaló que nadie que habla por el Espíritu Santo puede afirmar que Jesús es anatema (1 Corintios 12:3a) porque es el mismo Espíritu Santo quien revela la gloria del Hijo. De manera similar, nadie bautizado en el nombre del Dios de Abraham, el Dios de Isaac y del Dios de Jacob puede decir que Israel es anatema.

Conclusiones

Podemos concluir entonces que el Mesías Jesús cuando dijo, "bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo" quiso enseñarnos más que una liturgia bautismal. Jesús resumía en esa expresión los pasos necesarios y esenciales para crecer en madurez del discípulo. El bautismo en el nombre del Espíritu Santo es el paso inicial. El Espíritu Santo revela la persona del Mesías resucitado. La segunda fase del discipulado es hacer Señor a Jesús por el Espíritu Santo. Jesús se convierte en centro y objetivo de nuestra vida. Le seguimos por fe. El, por su parte, nos conduce al íntimo conocimiento del Santo de Israel. El dijo, "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí." (Juan 14:6) Sólo podremos experimentar el nombre del Padre si el Mesías Jesús nos guía ante la presencia de El. Finalmente, el último paso del discipulado es conocer el nombre del Padre. La prueba de que una persona ha experimentado esto es su amor por Israel, el pueblo de Dios. Vivimos días de engaño y tremenda confusión. Continuamente se nos quiere hacer ver los muchos "caminos a Dios". La vía segura es la del bautismo en el nombre del Padre, el nombre del Hijo y el nombre del Espíritu Santo, vía que nunca nos llevará a la decepción.

[ Publicado: 04 Noviembre 2003 ]