Innumerables teorías han surgido con el ánimo de justificar y racionalizar la indiscutible pérdida de poder y autoridad en la iglesia. Una de ellas recibe el nombre de Dispensacionalismo. La idea, introducida por apologistas cristianos, sostiene que las grandes manifestaciones de poder y autoridad de la primera iglesia no eran de manera alguna permanentes y fueron dispensadas con el único propósito de fundar exclusivamente -es decir, para comenzar y poner a funcionar - la iglesia de la época. El concepto fuertemente contrasta con la naturaleza revelada por Dios. A este respecto, las Escrituras nos aclaran que al Dios establecer algo, se convierte en una constante, no cambia. O lo que es lo mismo, no sufre variación y logra su meta prevista. Cualquier estudio serio que se haga de las Escrituras arrojará el mismo e inevitable resultado: la Iglesia ha perdido los medios (autoridad) para cumplir con uno de sus más importantes objetivos: la guerra espiritual.
Con relación a esto, Pablo logró claramente detallar las responsabilidades de la Iglesia en su carta a la Iglesia en Efeso. Pablo escribió, "A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, se me concedió esta gracia: anunciar a los gentiles las inescrutables riquezas de Cristo, y sacar a luz cuál es la administración del misterio que por los siglos ha estado oculto en Dios, creador de todas las cosas; a fin de que la infinita sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales" (Efesios 3:8-10). Pablo también escribió: "Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de las tinieblas de este mundo, contra las huestes espirituales de maldad que habitan en las regiones celestes". (Efesios 6:12), de modo que si esto era verdad para la Iglesia en Efeso, también lo es para la Iglesia de nuestros días. Como se indicó antes, este enfoque ministerial es uno de los objetivos primarios de la Iglesia.
Igual autoridad se observa en el ministerio del Mesías como realización de la Palabra de Dios. A través de la revelación bíblica encontramos la personificación de la Palabra mostrándose en forma humana. Sabemos que la Palabra de Dios interactuó recíprocamente con Abraham, obrando junto a Dios de manera concertada a fin de establecer Su voluntad. De nuevo vemos, esta vez en los libros de los profetas, el trabajo indeleble del ministerio de la Palabra divina. Isaías recibió la Palabra de Dios para mostrar y cumplirse posteriormente la voluntad de Dios en los Asirios. De igual manera la Palabra de Dios vino por medio del profeta Jonás y también el propósito de Dios se cumplió. De nuevo la Palabra vino a Jeremías para anunciar lo que Dios hará finalmente a las naciones. Hoy por hoy la Palabra de Dios sigue ejecutando y cumpliendo lo dicho a Jeremías.
Poco más tarde, la Palabra de Dios se reveló en la persona de Jesús. Podemos ver este aspecto de la obra de Dios realizándose poderosamente a través de El durante sus tres años de ministerio. Vemos claramente por último, en el capítulo 19 del Apocalipsis, a la Palabra de Dios juzgando a las naciones. En este punto un conglomerado de naciones se ha unido en lo que se conoce como "la Bestia" junto a la consolidación mundial de religiones referidas como "el Falso Profeta", ambas entidades en oposición directa a Dios. Al final, la Palabra de Dios pone punto final a ambas agrupaciones a fin de establecer el Reino de Dios.
Se podría argumentar, "este es el trabajo del Mesías y la iglesia no debe pronunciarse ni participar en la materia". Pero cada faceta del ministerio del Mesías ha sido confiada celosamente a la Iglesia, que es Su cuerpo. Pablo dijo: " Y todo lo sometió bajo Sus pies, y a El lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es Su cuerpo" (Efesios 1:22-23). En consecuencia, es obvio que la iglesia tiene la responsabilidad de hacer realidad el ministerio del Mesías y la Palabra de Dios.
A medida que nos acercamos al final de los tiempos, la necesidad por cumplir el mencionado ministerio es cada vez más evidente. Nunca antes hemos tenido tan valiosísima oportunidad de trabajar para acelerar el Reino de Dios. Sin embargo, es triste saber que la Cristiandad continúa ignorando lo que quizás es su trabajo más vital e importante. Convencido de que la Palabra de Dios debe salir con unción de cada púlpito mundial, hay sin embargo un espantoso silencio cuando el Islamismo por ejemplo, irrespeta y usurpa a Israel mediante un supuesto oprimido pueblo palestino. Por cada avance alcanzado por la Bestia y el Falso Profeta debería existir una correspondiente denuncia hecha por la Iglesia. Israel debería recibir su mayor y más fuerte apoyo de la Iglesia porque es en la Iglesia donde reside la Palabra de Dios. Es sumamente doloroso y descorazonador saber por otro lado, que en lugar de solidaridad y apoyo, existen en aumento diferentes sentimientos, un sentimiento contra Israel.
Viene la hora de una gran división entre los seguidores de Jesús. Aquellos que por un lado en verdad constituyen la Palabra de Dios identificándose plenamente con Jerusalén y aquellos que continuarán siendo palabra y expresión de las naciones del mundo identificándose con el Falso Profeta por el otro. Que Judá diga de tí: "Gran apoyo para nosotros son los habitantes de Jerusalén por el SEÑOR de los ejércitos, su Dios". (Zacarías 12:5).