|
|
Isaac, el Hijo Especial
|
|
En verdad es fascinante la manera en que Dios revela su plan a la humanidad. He enseñado la Biblia por largo tiempo (una nueva clase cada año desde 1979) y la experiencia personal ha sido un proceso educativo maravilloso. Es evidente que Dios empezó a revelar el rol del Mesías Jesús en el proceso redentivo desde un principio. Es con Abraham y Sara que Dios revela la concepción sobrenatural de Jesús, el mecanismo por medio del cual se obtendría la expiación y la unión de Jesús y Su iglesia. Sin embargo, no existen indicios de que Abraham y Sara supieran que ellos serían instrumentos de estas revelaciones, lo cual ya constituye un gran misterio. Al leer el presente artículo, piense un poco sobre los impresionantes medios utilizados por Dios para revelar Su santo propósito. ¿Si Dios actuó de esta manera, quedarán dudas de que su propósito se cumpla?
Relación de Pacto entre Dios y Abraham Para lograr esto, Sara debía esperar más allá de la edad normal de concepción. El milagro tenía que venir de Sara y no de Abraham. De hecho, Abraham siguió teniendo niños con otra esposa mucho después de la muerte de Sara. Así transcurren los años, uno tras otro, sin progresos evidentes que hicieran cumplir la promesa. Eventualmente, la fe de Abraham y Sara mermarían llegando ambos a pensar que no podrían tener un niño propio. Conjeturando un poco diremos que quizás Abraham y Sara llegaron a esta conclusión al notarse que Sara experimentaba su menopausia. Producto de esto, Abraham y Sara recurrieron a la práctica común de la época de tener descendencia por medio de una sierva, en este caso la esclava egipcia de Sara de nombre Agar. Obviamente, esta acción creó confusión en la revelación del propósito Divino. Ismael y sus descendientes se convertirían para siempre en enemigos del pacto hecho con Abraham. En Ismael podemos incluso distinguir la sombra del propio "anti-cristo". Dios entonces se dispone ejecutar sus acciones a partir de los trece años de Ismael. Sara tenía 89 años y a esa edad nadie cuestiona la incapacidad de Sara de concebir hijos. De hecho, cuando Dios les revela lo que se propone hacer, Abraham y Sara se ríen, de allí que el hijo reciba el nombre de Isaac. Es así como observamos la revelación de la concepción milagrosa y sobrenatural de este "Hijo Especial". Vale la pena resaltar que en dos diferentes ocasiones, Abraham casi pierde la vida como resultado del deseo de un rey de tomar ilegalmente a Sara, en donde Abraham incluso niega y oculta su verdadera relación con Sara. En ambos casos el rey pretende tomar a Sara, pero en cada caso, Dios interviene de manera estricta para preservar la dignidad del vaso escogido que es ella. Dios no permite que Sara fuera tocada o violada por otro hombre. Tal violación habría otorgado eventualmente credibilidad a los cargos hechos contra María, madre de Jesús, en lo referente a su condición de pureza.
Vida de Isaac cuadro del Mesías
Un cuadro adicional del Mesías se puede apreciar en el proceso por el cual el Hijo Especial consigue esposa. El relato bíblico dice que cuando Isaac tenía cuarenta años, Abraham su padre envía su criado lejos con la única misión de encontrarle una esposa a Isaac. El criado se dirige "al país de origen" de Abraham donde halla a Rebeca a quien después de hacerle la proposición la invita a acompañarle para reunirse con el Hijo Especial de su amo. Rebeca toma su decisión, abandona su familia y deja todo lo que tiene para seguir al criado. El relato finaliza diciendo que al llegar a la tierra, Isaac el Hijo Especial, toma a Rebeca llevándola a la tienda de su madre para consumar la unión matrimonial. Es evidente que la historia anterior muestra la búsqueda, llamado y unión al final de los tiempos de la esposa escogida con el Mesías. Así pues, podemos concluir que Dios desde un principio, comenzó a hablarnos del Hijo Especial que al final llegaría a ser "Redentor del Mundo". La Biblia desarrolla el cuadro profético del Mesías de muchísimas formas. Hoy podemos reflexionar sobre la progresiva historia de la revelación y propósito de Dios y regocijarnos con reverencia y admiración y decir: ¡Que maravilloso es nuestro Dios!
|