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Intimidad con Dios

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Jesús fue y es el mensajero del “Nuevo Pacto”. Jeremías profetizó que la característica predominante de este “Nuevo Pacto” es el “conocer de Dios”

“Porque este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días--declara el SEÑOR--. Pondré mi ley dentro de ellos, y sobre sus corazones la escribiré; y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Y no tendrán que enseñar más cada uno a su prójimo y cada cual a su hermano, diciendo: "Conoce al SEÑOR", porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande--declara el SEÑOR-- pues perdonaré su maldad, y no recordaré más su pecado.” (Jeremías 31:33-34, LBLA)

Este aspecto fundamental de Jesús y la primera iglesia se ha perdido en la religión de la Cristiandad.

Este aspecto fundamental de Jesús y la primera iglesia se ha perdido en la religión de la Cristiandad. Sin embargo, a través de las edades un pequeño remanente de creyentes ha podido experimentar este “conocer de Dios”. Hemos sufrido en el siglo 20 y ahora en el 21, una paulatina renovación de la experiencia. La intimidad con Dios resulta esencial en una activa iglesia de los tiempos finales.

Experiencia y Mensaje de Jesús
Al arribar el tiempo de su consagración definitiva en Su ministerio público del Mesías, Jesús busca a Juan el Bautista para que le bautice. Ese bautismo torna la vida privada de Jesús en una vida y ministerio públicos. Al ser bautizado, Jesús es lleno del Espíritu Santo,

“Y aconteció que cuando todo el pueblo era bautizado, Jesús también fue bautizado: y mientras El oraba, el cielo se abrió, y el Espíritu Santo descendió sobre El en forma corporal, como una paloma, y vino una voz del cielo, que decía: Tú eres mi Hijo amado, en ti me he complacido.” (Lucas 3:21-22)

A partir de entonces, con su accionar se percibe como Jesús responde toda directriz inmediata del Eterno. Jesús dijo:

“... En verdad, en verdad os digo que el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que hace el Padre, eso también hace el Hijo de igual manera.” (Juan 5:19b)

Jesús reitera a Sus discípulos que experimentarían el Reino de Dios como una vivencia interior y no como una experiencia externa:

“Habiéndole preguntado los fariseos cuándo vendría el reino de Dios, Jesús les respondió, y dijo: El reino de Dios no viene con señales visibles, ni dirán: "¡Mirad, aquí está!" o: "¡Allí está!" Porque he aquí, el reino de Dios entre vosotros está.” (Lucas 17:20-21)

Jesús dice por último que la “vida eterna” es conocer a Dios y al Mesías, “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a Ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.” (Juan 17:3) Conocer, en este sentido, significa tener un conocimiento íntimo o vivencia interactiva, y no una mera experiencia intelectual. Se concluye por lo tanto que Jesús mantiene una experiencia o conocimiento íntimo con el Santo Dios de Israel. Es en esta intimidad donde Jesús comprende la voluntad divina para cada situación, evento y circunstancia haciéndose de este modo fiel obediente a Dios. Es lo que Jesús quiere significar al referirse al “Reino de Dios”. El Reino o mandato de Dios, se viene cumpliendo y ejecutando por medio de Su Hijo.

Experiencia de la Primera Iglesia
La experiencia de la primera iglesia mantuvo exactamente el patrón fijado por Jesús. En efecto, la última exhortación hecha por el Señor Jesús a sus discípulos fue que aguardasen en Jerusalén hasta recibir la “promesa del Padre” (Lucas 24:49). El día de Shavuot o Pentecostés, los discípulos fueron llenos del Espíritu Santo siendo a partir de ese momento activos seguidores de Jesús por medio del Espíritu en ellos. Pablo declaró:

“Por tanto, os hago saber que nadie hablando por el Espíritu de Dios, dice: Jesús es anatema; y nadie puede decir: Jesús es el Señor, excepto por el Espíritu Santo.” (1 Corintios 12:3 LBLA).

“Por tanto, os hago saber que nadie hablando por el Espíritu de Dios, dice: Jesús es anatema; y nadie puede decir: Jesús es el Señor, excepto por el Espíritu Santo.”

Más adelante, Pablo describiría lo que yo califico de “introspección” del propio ser divino (1 Corintios 2.10-13) obra igualmente del Espíritu Santo. Dios gobernó activamente a los discípulos y, por consiguiente, desde dentro de la iglesia. Este es el “Reino de Dios”. La primera iglesia experimenta a Dios y Su Reino de esta manera y, como respuesta predica el mensaje del Reino de Dios. Para el segundo siglo, este sentido de intimidad, dirección y guía (Reinado) de Dios mediante el Espíritu Santo no existe ya en la iglesia. Williston Walker hace una descripción de ella diciendo: “La antigua convicción de la dirección inmediata del Espíritu se había desvanecido, sin haberse extinguido del todo” (Williston Walter, Historia de la Iglesia Cristiana, Casa Nazarena de Publicaciones, Kanzas City, Mo., U.S.A., Sección VI - Fin de la Edad Apostólica, Página 34). No pasaría mucho tiempo antes de que la iglesia se extraviase y extinguiese por completo, creando “otro evangelio” que de manera fácil cumpliese los requisitos de una religión prometedora en ascenso. El mensaje de este “otro evangelio” es el mensaje de la “salvación” que enseña el método de acceder y mantenerse en la institución vista ésta como arca de salvación. Así el mensaje de la iglesia modificó su enfoque inicial, abandonando su orientación íntima, directa y próxima a Dios – el Reino de Dios – para en su lugar, llevar el mensaje de salvación personal que garantiza a sus seguidores el ser aceptados en una próxima vida.

Exhortación
La esencia real del discípulo verdadero de Jesús continúa siendo Su activo Señorío por medio del Espíritu. Lo anterior se cumple tanto a nivel individual como en la iglesia local. Recibimos el Espíritu Santo y somos partícipes de la congregación local. Jesús es místicamente cabeza y Señor de Su Iglesia. Así como Jesús tiene una íntima comunión con el Padre, así mismo debemos tener comunión con Jesús y con nuestro Padre mediante el Espíritu Santo operando en nosotros. Este es el Reino de Dios, esta debe ser nuestra experiencia como iglesia local y este debe ser nuestro único mensaje.